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El ratón de la corte y el de campo

Un Ratón cortesano,

Convidó con un modo muy urbano

A un Ratón campesino.

Dióle gordo tocino,

Queso fresco de Holanda,

Y una despensa llena de vianda

Era su alojamiento,

Pues no pudiera haber un aposento

Tan magníficamente preparado,

Aunque fuese en Ratópolis buscado

Con el mayor esmero,

Para alojar a Roepán Primero.

Sus sentidos allí se recreaban;

Las paredes y techos adornaban,

Entre mil ratonescas golosinas,

Salchichones perniles y cecinas.

Saltaban de placer, ¡ Oh, qué embeleso!,

De pernil en pernil, de queso en queso,

En esta situación tan lisonjera

Llega la despensera.

Oyen ruido, corren, se agazapan,

Pierden el tino, mas al fin se escapan

Atropelladamente

Por cierto pasadizo abierto a diente.

¡ Esto tenemos!, dijo el campesino;

Reniego yo del queso, del tocino

Y de quien busca gustos

Entre los sobresaltos y los sustos.

Volvióse a su campaña en el instante

Y estimó mucho mas de allí en adelante,

Sin zozobra, temor ni pesadumbre,

Su casita de tierra y sus legumbres.

Fábula de Félix María de Samaniego (1745-1801)